Etiquetas

Mostrando entradas con la etiqueta Alta Sensibilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alta Sensibilidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de marzo de 2017

Gestionar las emociones sin reprimir ni ser un volcán en constante ebullición

Esta última entrada de hoy también está directamente relacionada con la conferencia de ayer, pues cuando se habla de inteligencia emocional, no podemos olvidarnos de alto tan importante como desarrollar nuestras habilidades intrapersonales. Hay gente que opina, conozco compañeros docentes que opinan así, que se debe de empezar por los demás y luego ya, dedicarse a uno mismo. Pero yo siempre he sido de la opinión de, "si no empezamos por nosotros mismos, difícilmente podremos ayudar y dedicarnos a los demás". 

Con lo cual, lo primero que quiero dejar claro en esta entrada es que parto de mi opinión personal al respecto, pues para mí el camino es ése, empezar por uno mismo. En la conferencia de ayer, se habló de que dentro de las habilidades intrapersonales, estaban el autoconocimiento, la identificación y expresión de emociones, la automotivación de la que ya he hablado en mi primera entrada del día y por supuesto, la GESTIÓN EMOCIONAL, una asignatura pendiente de evaluación continua a lo largo de toda nuestra vida. 

Todas las personas deberíamos de practicar la introspección, pero en el caso de personas de altas capacidades, creo que el esfuerzo y empeño que se debe de poner es incluso mayor, porque muchos niños lo que sienten es incomprensión del mundo que les rodea, necesidad de sentirse aceptados, sentimiento de no encajar e incluso piensan que su mundo interior es algo malo, pues muchas veces reciben rechazo, críticas y la no aprobación de su forma de percibir y sentir el mundo. 

Por si aún hubiera dudas al respecto, la superdotación no es una patología, por lo tanto, no lleva vinculada ningún trastorno mental. Tal y como exponía ayer Maite Garnica, simplemente es una característica de la persona que conlleva un desajuste entre desarrollo intelectual y emocional, gran intensidad emocional y alta sensitividad (gran desarrollo sensorial). Por lo tanto, puede conllevar dificultades específicas:

- gran vulnerabilidad e hipersensibilidad emocional
- baja tolerancia a la frustración
- tendencia a generarse preocupaciones internas
- creación de miedos / fobias de origen real
- falta de control ante injusticias. 

En nuestra sociedad, muchas veces no se entienden las reacciones de estos niños ante ciertas situaciones, se escuchan cosas del tipo: "Eres demasiado sensible", "no es para tanto", "es que le consientes y por eso se frustra", "es que le hablas como a un adulto y por eso se preocupa de cosas de adultos, y no de niños", "tener miedo es de cobardes", "la vida es así, hay que aceptarlo", etc. 

La ignorancia, entendida en su acepción literal como falta de conocimiento en un tema concreto, muchas veces lleva a reaccionar de forma hostil, reprochadora, burlesca, sancionadora... a las reacciones de estos niños, tan intensos emocionalmente. El sentirse incomprendidos y tratados injustamente por su forma de sentir tampoco ayuda, y aunque es cierto que son ellos los que tienen que amoldarse al mundo, por otro lado, no deberían de dejar de ser ellos mismos, de perder su esencia, solo porque el mundo, la vida, la humanidad es lo que es.

Por suerte, si bien no es como una aspirina, que te la tomas y desaparece el dolor de cabeza, las personas tenemos la capacidad de gestionar nuestras emociones, para encontrar nuevamente el EQUILIBRIO, entre la desinhibición y la cohibición.

Esto significa que aunque la capacidad cognitiva es algo con lo que venimos cargados de serie, la inteligencia emocional es aprendida, y por lo tanto, susceptible a ser modificada y educada. Ahí es donde, en el caso de nuestros hijos, somos nosotros, sus padres, los que nos convertimos en sus coachers de referencia por excelencia. 

Como he dicho antes, no se trata de que repriman sus emociones sino de que las mismas fluyan, pero con unos límites, moderando, para encontrar ese equilibrio tan famoso del que no he parado de hablar en todo el día. Si por ejemplo nuestros hijos crean miedos lo que hay que enseñarles es a enfrentarse a esos miedos, para que los miedos no se apoderen de ellos. Si donde se encuentra su desajuste es en la falta de control ante las injusticias, lo que tienen que desarrollar son herramientas adecuadas que les permitan dar respuestas proporcionales y adaptativas a la situación en cuestión. Es decir, ni desatendemos ni les animamos a que lo lleven al extremo, pues somos seres sociales y como tales debemos de aprender a adaptarnos sin convertirnos en mártires de la sociedad. 

Todo esto se resume muy bien en un cuadro que se proyectó ayer sobre la gestión emocional  dirigida hacia el pensamiento: 




Ante una determinada situación nuestro organismo reacciona, pero rápidamente se produce el pensamiento, y es en ese punto donde podemos aprender a pararnos a tiempo. La experiencia es nuestra gran aliada, pues nutre nuestra memoria, con lo que podemos anticiparnos a la acción, sabiendo cómo hemos reaccionado anteriormente y qué hemos desencadenado con nuestra conducta o acción, para amoldarnos y ajustar nuestras respuestas de forma adecuada. 

No es tarea fácil, y si ya los adultos tenemos dificultades para gestionar nuestras emociones, para los niños obviamente no iba a ser un camino de rosas. Paciencia, perseverancia y mucha comprensión y dosis de calma, nos ayudarán a lidiar con ello. Lo importante es creer en que podemos cambiarlo, en que podemos aprender. De nada sirven actitudes -que no aptitudes- derrotistas, pues ese es el camino fácil, conformarse que uno es como es y que no va a cambiar. Quien algo quiere, algo le cuesta, y con algo tan complejo como el mundo de las emociones, no iba a ser menos. Pero merece la pena.

sábado, 25 de marzo de 2017

Tolerancia social hacia la sensibilidad


No sabía muy bien cómo enfocar ni tan siquiera el título de esta entrada, veremos qué sale de esto...

Cada niño, cada persona, es un mundo, sea o no sea AC, somos seres únicos e irrepetibles. Con tanta diversidad resulta incomprensible -al menos para mí-, que no se toleren, no se comprendan, ni se respeten, las diferentes formas de ser de una persona. La presión social, la educación familiar y cultural, lo que se espera de nosotros, hacia qué lado se dirige la mayoría...son los obstáculos que nos encontramos por el camino. 

La semana que viene acaba un taller de creatividad específico al que iba mi hijo. ¿Por qué específico? Por el tipo de alumnado y sobre todo por los dos profesionales que han llevado el taller. Hasta octubre no volvemos, pero tengo claro que repetimos. Lo que hemos sacado del mismo no es lo que haya podido aprender, que al final  es lo de menos, sino que ha sido un lugar donde ante todo, ha habido aceptación y normalización. Se ha trabajado mucho la parte emocional y social, respetando diferencias, dando a cada alumno lo que necesitaba. Y una vez te dan ese caramelo, ya solo quieres repetir del mismo. 

¿Pero por qué en ese taller se resuelven los conflictos asertivamente, por qué la dinámica es tan diferente al cole? Hay una cosa que me dijo uno de los psicólogos que lo imparten, con la cual estoy completamente de acuerdo. Cuando hay un conflicto, la actitud del docente/adulto es fundamental. Si el docente muestra nerviosismo, enfado o inseguridad a la hora de afrontar ese conflicto, al final se transmite a toda la clase. Si lo resuelve de forma tranquila, dando tiempo y espacio, respetando y aceptando a cada alumno como es, con límites, por supuesto, el alumno del conflicto aprende poco a poco a gestionar esas situaciones sin ser juzgado, sino como un aprendizaje más, y el resto de alumnos tampoco juzga, normaliza y acepta. Si esto se hiciera más en los coles, y en la sociedad en general, estaríamos promoviendo una tolerancia real. Y con tolerancia no me refiero a que se aprueben comportamientos y actitudes inadecuados, sino que se resuelvan de forma asertiva y tranquila, dando seguridad a todo el grupo. 

Es por eso, que ahora que estoy buscando una actividad motivadora para mi hijo para los próximos meses, me estoy encontrando con que no es tan fácil. Y podréis pensar, "no hay que presionar al niño y tenerlo ocupado todo el día". En su caso es que no está nada ocupado, a lo que se le suma que lleva dos meses sin ir al cole, con lo que sí que me interesa. Ni viviendo en la capital es tarea sencilla. Sobre todo si buscas algo específico sin que tengas que arruinarte por dar a tu hijo algo que necesita y que además sea un sitio donde acepten sus sensibilidades sin juzgarlas. Y podréis pensar de nuevo, "es que es él quien tiene que adaptarse al mundo, y no al revés". Y creedme que así es como pienso, pero no es lo que necesita ahora mismo. Por el momento necesita comprensión, necesita encajar en un grupo donde se le respete y se le comprenda sin ser juzgado, necesita subir esa autoestima, sentirse valorado y querido por ser quien es, no por ser como los demás quieren que sea, que para eso ya tiene el cole, y este año ha sido horrible. 

Y lo bueno es que empieza una época en la que dispondré de más tiempo para buscar y encontrar, para decidir, probar, concienciar, aceptar y que acepten. Será un nuevo camino largo, pero confío en las personas. Al final mi hijo encontrará la aceptación, él ya está poniendo de su parte para aceptar también. 

Pronto os contaré novedades, pues hoy vamos a una conferencia sobre la importancia de la inteligencia emocional en la superdotación, y seguro que sacamos cosas muy interesantes de ahí.





martes, 7 de marzo de 2017

Homeschooling temporal por ansiedad y depresión

Hace semanas que no escribo, pues entre reuniones con el cole, con el orientador, con el psicólogo de mi hijo, con el inspector, con la pediatra, y con el homeschooling que llevamos practicando desde hace unas cuatro semanas tras haber conseguido una baja escolar transitoria, el tiempo que me sobra al cabo del día, lo voy acumulando a cuentagotas para coger fuerzas para el día siguiente. 

Pero al menos puedo decir que ahora voy relajada a trabajar, no tengo que estar pendiente de que me llamen del cole, y mi hijo está mejor, mucho mejor. Debo agradecer esta solución a unos familiares, que se pueden hacer cargo de él mientras por las mañanas.

Poco a poco vamos consiguiendo rebajar esa ansiedad y depresión, y desde hace un par de semanas ya es capaz de trabajar sin enfadarse ni frustrarse, ni negarse a ello. Ha dado pasos de gigante, pues hace un mes, estaba en una situación completamente diferente. Sigue teniendo problemas de concentración (algo que ha aparecido cuando empezó a estar mal), pero ya no se frustra tanto cuando se sienta delante de un tedioso libro del cole.

La situación actual es que la orientadora, que al menos ha tenido una reunión y contacto telefónico con el psicólogo de mi hijo, piensa que hay algo más, está convencida de que tiene algún trastorno, incluso sugirió Asperger el último día que lo llevé al cole. Así que hasta que no esté hecho el diagnóstico diferencial no va a seguir evaluando al niño de forma oficial sus AA.CC para darle por fin lo que necesita: una ADAPTACIÓN CURRICULAR. Ha dejado todo en manos del psicólogo de mi hijo, quien a falta de terminar el informe ya me ha repetido y re-confirmado que mi hijo no tiene nada, además de su condición de ACI. Veremos lo que sucede cuando reciban en el cole el informe, pues estará recalcado que lo primordial es acabar la evaluación y elaborar una adaptación. Mientras no esté eso, no creo que vuelva mi hijo al cole. Deseando estoy de que se abra el plazo de matriculación para el próximo curso, pues lo que sí tengo claro es que en septiembre no seguirá en el mismo centro, donde ya tiene la etiqueta de alumno con problemas, donde el ambiente está muy deterioridado, y donde mi hijo no se siente para nada a gusto, ni protegido, ni relajado, e incluso siente miedo cuando va.

En cuanto terminen de tramitar los papeles hasta irá un profesor durante 90 minutos diarios a casa. No es que lo necesite, pero lo exige Inspección. 

Lo que más estoy trabajando con él en casa actualmente es la aceptación. En ese aspecto hemos hecho grandes progresos, pues durante semanas se ha negado y negado, y no había forma de hacerle cambiar de parecer. No trabajaba, y como le presionaban para que lo hiciera, la situación acababa en enfrentamientos poco agradables con los profesores, de quien él decía solo estar defendiéndose. Sea exagerado o no por su parte (durante meses no ha parado de escuchar gritos en clase, sobre todo dirigidos a él), así es como él lo ha estado percibiendo. 

Por otro lado, también estamos trabajando la motivación por aprender, ésa que antes le sobraba y tenías que pararle los pies porque sino ni dormía ni comía, y que este curso había desaparecido por completo. Así que investigamos juntos, hacemos proyectos, buscamos curiosidades, y todo ello lo llevamos al papel (rechaza leer y escribir cosas del cole, pero así lo hace sin darse cuenta). Mi intención es ir exigiéndole poco a poco cada vez más, para que sea capaz de aguantar más de dos horas haciendo cosas del cole, pues el día que vuelva, tendrá que estar 5 horas sentado, otra vez. 

Tengo claro que mi hijo es un alumno desahuciado del sistema educativo, no encaja en él, pues su forma de aprender, su forma de ser, sus motivaciones, sus sueños, sus aspiraciones, su ritmo de aprendizaje... no se adaptan a lo que el sistema educativo exige de él. De ahí la importancia de la aceptación. No obstante, debido a su sensibilidad, y a su carácter -y aunque lo estemos trabajando, y luchemos por mejorar-, esa adaptación al sistema educativo la veo difícil -y no quiero decir imposible-, ojalá me equivoque. Y confío en que el año que viene, si damos con el centro adecuado, la situación mejorará, pero para ello, es muy importante no solo que le adapten académicamente, sino que le acepten y entiendan y sepan tratar su altísima sensibilidad. 

De momento, y para concluir, puedo decir que en este periodo de transición por fin vemos algo de luz, tengo que dar las gracias a las personas -conocidos, familiares, amigos, y por supuesto, al psicólogo de mi hijo-, que nos están ayudando y apoyando para salir de esta situación.
 

viernes, 27 de enero de 2017

El duelo de la vida: De la negación a la aceptación (Parte 2 de 2)

 A pesar de acusarme de meterle al niño en la cabeza que el cole es aburrido y que no aprende nada, yo que llevo meses intentando motivarle en casa, haciendo una fiesta cada vez que le arranco una frase positiva relacionada con el aprendizaje en el cole, como que ha aprendido una palabra nueva, etc., de repetirle hasta la saciedad que su obligación es ir al cole como la de los adultos es ir a trabajar, y que es algo que ha de hacer, y que ha de ir de la mejor forma posible, porque es un trámite diario ineludible, me he dado cuenta de que todo este tiempo lo he estado haciendo mal. No se pueden montar fiestas porque el niño aprenda que "extremidades" son "limbs", pues eso no es lo suficientemente motivante para aguantar 5 horas diarias en el colegio. Ni de nada sirve que observe al resto de compañeros, y que se dé cuenta que el resto de compañeros sí van contentos al colegio, porque eso no le hace cambiar de parecer, pues no hace más que reforzar que el problema lo tiene él. Algo malo debe haber dentro de él para no disfrutar yendo al colegio, ni repitiendo una y otra vez las mismas sumas, las mismas restas, etc. 

Y hoy por fin me he dado cuenta que lo que necesita aprender cuando vaya a terapia es a aceptar que el colegio para él es una mierda. Y es hoy cuando me he dado cuenta, que en realidad lo que necesita es superar un duelo. Aunque no sea una pérdida propiamente dicha, es un aceptar que es él quien se ha de adaptar al mundo y no al revés. Porque la tierra seguirá girando aunque él sufra, aunque le molesten los ruidos y las voces elevadas de los profesores, y los libros aburridos del colegio. 

En silencio ha pasado por la fase de negación, de negociación con la realidad y por la depresión. Ha intentado buscar estrategias para sobrellevar de la mejor forma posible vivir en esa cárcel que para él es el cole. Se ha empezado a evadir, a entretenerse en clase con sus amigos imaginarios o a desarrollar proyectos para mejorar el mundo. Pero tampoco ha sido suficiente, y además también ha sido recriminado por ello. 

Ahora está en la fase de ira, y lejos de convertirse en el paso previo a la aceptación, se ha convertido en su peor enemigo, pues le ha llevado a la autodestrucción. Cada mañana, desde hace 3 semanas, se levanta con ansiedad, nervios, tensión, irascibilidad, susceptibilidad. Apenas necesita detonante para estallar. Y lo peor de todo es que en casa está bien, en la calle está bien, haciendo otras actividades está bien. Solo le pasa cuando tiene que ir al cole. Aún así, nadie me ha escuchado, han intentado buscar el problema fuera del cole, han intentado hacerme creer que tiene otros problemas, pues el aburrimiento y su sensibilidad no son motivos suficientes para esas reacciones tan desproporcionadas. A pesar de que en textos de psicología, uno de los síntomas de la ansiedad es precisamente ese exceso de agresividad. 

La semana que viene tengo por fin la cita con el inspector, en el nuevo cole ya nos han confirmado que no hay problema, en su cole ya por fin respetan nuestra decisión. Seguramente no se solucionarán sus problemas solo por cambiar de cole, pues tiene muchos fantasmas contra los que aún tiene que luchar, aún le quedan traumas por superar. Ojalá la burocracia no haga de las suyas y acepte sin más nuestras motivaciones. 

Toca empezar de cero, y nos va a costar a todos. Son muchos cambios de golpe, y la terapia no la podemos dejar. Pero hoy he entendido que necesita un nuevo enfoque: buscar la aceptación. Y para encontrarla, necesita entender y aceptar que aunque en muchos momentos el cole no será su lugar preferido, ha de aceptarlo porque sí, porque no se puede evitar. Tendrá que seguir aguantando durante muchos años más 5 horas diarias como mínimo en un pupitre, pero si aprende a aceptar que solo suponen 5 horas de las 24 que tiene el día durante 5 días de 7 que tiene la semana, durante 9 meses de 12 que tiene el año, entonces quizá y solo quizá aprenderá a gestionar esa frustración y ese sufrimiento que le impide tener el autocontrol necesario para acudir cada día al colegio, y sobrellevarlo de la mejor manera posible, sin cuestionarlo absolutamente todo, pues muchos ya sabéis que estos niños son insaciables, necesitan una respuesta para todo, necesitan comprenderlo todo, y muchas veces les cuesta aceptar una respuesta porque sí. Pero es que en esta vida, muchas veces debemos de aceptar las cosas como son, sin cuestionarnos nada, aceptar las normas porque son las normas. Es así,ya que somos seres sociales que convivimos en una sociedad, la cual  nos obliga precisamente a cumplir con reglas cada día. 

Y me entristece enormemente pensar así, pues no es mi intención ser derrotista. El colegio debería de ser un lugar motivador, donde se cultive la curiosidad y el afán por aprender. Pero o cambiamos de táctica, o la autodestrucción se hará cada vez más grande, y las soluciones cada vez más efímeras.

El mundo será un lugar mejor para todos cuando se tolere la diversidad y se respeten las diferencias de verdad; mientras tanto, es la diversidad la que debe de encajar en este mundo.


El duelo de la vida: De la negación a la aceptación (Parte 1 de 2)

Estas últimas dos semanas han sido duras, muy duras. La vuelta al cole tras las vacaciones de Navidad ha sido muy traumática, y lejos de convertirse en una fase más que se supera a los pocos días, no ha hecho más que abrir aún más la herida.

Ese constipado que no se ha vigilado durante los últimos meses, finalmente ha acabado en una neumonía de caballo. Pero realmente fue un constipado que se llevaba fraguando desde hace más de dos años. Hasta un punto de no retorno que nos ha llevado a tomar decisiones drásticas. Drásticas pero muy meditadas. 

En el cole, el comportamiento disruptivo cada vez ha ido a más; el malestar es tan grande, que los intentos de escaparse se han sucedido día tras día. Como no le han dejado escaparse, ha recurrido a  sus primitivas armas y ha descargado toda su ira contra esas personas que en teoría debían de protegerle. 

Ya venía anunciándolo hacía semanas, cuando describió perfectamente lo que sentía. Se sentía prisionero en una cárcel en la cual tenía que estar sí o sí y de la cual no podía escapar. Al final hemos acabado todos desesperados y tirándonos los trastos a la cabeza. Cualquier intento de restablecer el orden es en vano. Pues él ha abandonado. 

De forma urgente pido cita con su psicólogo, y lo único que es capaz de verbalizar es que se siente un monstruo, un incomprendido, una mala persona, un inútil que no vale para nada, y cuando se desata la furia, no hay tecla de Escape pues él hace esas cosas porque es un monstruo. Y todos los días repite lo mismo: "No aguanto los gritos, no aguanto aburrirme en el colegio". Pero a ojos de los docentes, poco preparados para lidiar con niños así, con poca voluntad, que piensan que estos niños no necesitan nada porque van sobrados, todo esto son cosas de niños. Pues él ha de entender que ha de ir al cole sí o sí, y ha de hacer la tarea sí o sí; y si tan inteligente es, cuanto mejor debería de comprender que esos comportamientos son intolerables. Su psicólogo me confirma que tiene ansiedad, pero que tiene que seguir viéndolo, pues le cuesta abrirse, supongo que está harto de decir lo que le pasa y de que nadie haga nada por cambiarlo. Sigue sin comprender. 

Después de pelearme varios días con el cole, de explicarles que lo que necesita con urgencia es adaptación, que está muy desmotivado, que por eso ya no quiere ni trabajar en clase, aunque sepa que luego en casa tenga que hacer lo que no ha hecho en clase, recibo la llamada. No pueden con él -nuevamente se niega a trabajar y ante la insistencia, empieza a agredir, irrumpe en ira-, y eso a las 9 de la mañana. Me piden que vaya a recogerlo, y de camino al colegio, teniendo que dejar mi puesto de trabajo, le doy vueltas a cómo afrontar la situación. La decisión está tomada, el niño no vuelve al cole. Lo llevaba avisando desde hacía semanas, que el niño no estaba para ir al cole, pero claro, cómo iba a a reforzar ese deseo de no ir, si lo dejaba en casa; no podía ser. 

Y ahora empieza una nueva lucha, empezar de cero, con necesidad de positivismo, de intentar hacer las cosas bien, de ver por fin la luz al final del túnel.
Así de pequeño se siente mi hijo en clase. Pizarras llenas de las mismas sumas cada día, niños que al lado del docente, son pequeños e insignificantes. La puerta, lejos, cerrada, imposible de escapar. :(

sábado, 7 de enero de 2017

La alta sensibilidad

Si hiciera ahora mismo una encuesta sobre qué se entiende por alta sensibilidad, seguramente muchos contestarían que es ser muy sentimental, llorar con las películas, emocionarse, etc. Pero en realidad no es eso. Puedes ser altamente sensible y aún así no llorar con los anuncios de la tele (confieso que yo lo hago).

Gracias precisamente a que yo misma soy altamente sensible, comprendo muy bien a mi hijo altamente sensible. ¿Pero ser altamente sensible o PAS está relacionado con la alta capacidad? Pues sí y no. Sí porque muchas personas de AACC son a su vez PAS y no porque no todas las personas AACC son PAS. Es como la preococidad. Ni todos los precoces son AACC ni todos los AACC han sido precoces.

Comprender y empatizar con una persona altamente sensible (PAS) no es tarea fácil. Y es extraño, porque autores como Elaine Aron sostienen que entre un 15 y un 20% de la población es PAS. Muchos ni siquiera saben que lo son. Pero saber que lo eres te ayuda a conocerte mejor a ti mismo.

Y tampoco se vive del mismo modo ser PAS de adulto que de niño. De niño es mucho más complicado porque hay muchas cosas que aún no has aprendido a gestionar (falta experiencia vital para ello, o lo que es lo mismo, años de vida), porque hay cosas que no comprendes y porque para muchos adultos ser niño debería de ser algo sencillo, o no creen que su mundo interior sea rico, complejo y abstracto.

Ser PAS es un don, o eso dicen, o así debería de ser. Aunque la realidad es que hay que aprender a convivir con el PAS que llevas dentro, o puede llegar a ser una maldición. Lo importante es aceptarte a ti mismo tal y como eres, y aprender a convivir con ello, sacando lo mejor de ti mismo y de tu situación.

Yo soy PAS y me ha costado años aprender a conocerme mejor en este aspecto (en otros aún me queda camino que recorrer), pero hoy por hoy puedo decir que he aprendido a gestionarme de la mejor forma posible.

A mi hijo sin embargo le cuesta. Le cuesta porque todo le abruma. Siente de forma muy intensa, no solo a nivel emocional, sino también a nivel físico. Y no voy a entrar a hablar sobre las sobreexcitabilidades de Dabrowski pues no es mi intención en este blog -al menos de momento- entrar en teorías ni en neurociencia. Por el momento solo pretendo hablar de mi propia experiencia.

Mi hijo percibe el mundo de forma muy intensa. Sus sentidos siempre están muy despiertos y perciben hasta lo más sutil. Un olor agradable o desagradable, una melodía que le inspira ternura o el constante ruido de la gente. Con la comida es bastante "tiquismikis", pues le cuesta probar sabores nuevos y casi siempre lo rechaza de buenas a primeras. Una manía que tiene, por ejemplo, es olerse las manos constantemente cada vez que toca algo.

Pero no solo sus sentidos están a flor de piel. También es muy intuitivo y percibe mucho el lenguaje no verbal de las personas. Una mirada, un tono de voz, una postura... pueden desencadenar en él confianza o miedo, aceptación o rechazo. En Infantil tenía un compañero que no olía bien y procuraba evitarle. Una vez vino a casa una amiga suya a la que le olían los pies y le prohibió que se quitara los zapatos. No le decía el por qué (por suerte), pero luego me lo confesaba. Pero no siempre es así. A veces, un mal olor, una mirada poco amigable o una persona con un tono de voz elevado le transforman, y en vez de gestionarlo, aceptándolo o aislándose, acaban frustrándole, enfadándole o desencadenando un conflicto incluso mayor. La experiencia y la edad espero que le ayuden a gestionar todo esto en el tiempo.

Ser altamente sensible tiene sus ventajas y sus inconvenientes. A él de momento le han traído muchos problemas. Sobre todo con el sentido de la justicia, la justicia que él vive, por supuesto. Así, puede sentirse decepcionado, enfadado y molesto con su mejor amiga (desde los 3 años, son uña y carne), porque su hermana mayor le lleva la mochila, ya que le parece injusto que su amiga no la lleve y sea su hermana quien tenga que hacerlo. O empuja a una compañera de clase porque ha interrumpido a otra mientras hablaba -algo que le parece muy injusto- o se enfada con el profesor porque solo le castigan a él por hablar mientras que su compañero se ha ido de rositas a pesar de haber estado hablando también.. Es que además es muy ingenuo y tiene poca picardía. Y es que aún tiene que aprender a solucionar los conflictos mediante el lenguaje. El problema es que está muy mal visto el ser "chivato", y eso que yo le digo que es "informador", y que eso no es malo aunque los compañeros lo acusen. Porque tampoco ha aprendido aún a decirle a un compañero algo que le ha parecido mal o injusto, al menos en muchas situaciones que se dan de forma cotidiana. Lo que sucede es que acaba frustrándose por no ser capaz de enfrentarse a la situación. Seguimos trabajando en ello.






Precisamente por su alta sensibilidad, hasta el pasado verano, había ciertos programas o películas que creía que no era conveniente que viera. De hecho, hasta el año pasado le daban miedo las películas Disney, pues siempre había un malo, y no quería verlas, le asustaban. Y no es que quisiera sobreprotegerle, pero me daba mucha pena verle sufrir y llorar porque no entendía que hubiera tanta maldad en el mundo, tantas guerras y gente mala. Y eso que nunca había visto las noticias (yo no las veo porque sufro mucho viéndolas, prefiero leer la prensa). Pero los niños hablan y comentan y hablan de pistolas y de muerte tan a la ligera y no comprende que sus amigos hablen así sin sentir lo que él siente. Porque para él la muerte es el fin, es un "se acabó por siempre". Porque después de la muerte no hay nada, entonces, ¿por qué hay gente que se dedica a arrebatarle la vida a otros? No lo entiende.

El año pasado, en P5, estaban haciendo un proyecto sobre el universo. Y una compañera trajo un cuento sobre la perra Laika, y el cuento acababa en que Laika se convirtió en estrella. Durante una semana, mi hijo al irse a dormir, empezaba a llorar y a llorar. Así se tiraba una hora. Y yo sin entender qué le sucedía. Hasta que empezó a explicarme un poco. No entendía cómo Laika se había convertido en estrella, si era un perro y los perros se mueren, y solo quedan los huesos. Creo que antes ya dije que era bastante ingenuo, y es que aunque sepa distinguir muy bien realidad de ficción, cree demasiado en la verdad, y en lo que cuentan las personas, aunque sea a través de un cuento narrado por su profesora. Durante una semana intentó encontrar una explicación a esa afirmación que le habían hecho. Cada mañana al salir de casa, miraba al cielo hasta que un día me dijo: "Mamá, ya sé qué ha pasado. Laika no se convirtió en estrella y eso que vemos no es Júpiter, es el cohete de Laika que sigue dando vueltas alrededor de la tierra". Y tras ese descubrimiento cesaron los lloros antes de irse a dormir. Pasaron 4 ó 5 meses y un día me suelta. "Mamá, ya sé lo que ha pasado. Laika sí que se convirtió en estrella. El cohete en el que viajaba explotó y se convirtió en estrella, ya que una estrella se forma a partir de una explosión". Ahora ya no sé lo que piensa al respecto, solo sé que echa mucho de menos a Laika y que ya no quiere ir al espacio. Antes quería ser astronauta y astrofísico.

Cuando él tenía 4 años se murió nuestra perra, y muchas veces se acordaba de ella y se ponía a llorar. Decía que la echaba de menos. Durante año y medio ha intentado superar el duelo, y gracias a una de las sesiones con el psicopedagogo, acabó superándolo.

Pero no todo lo que rodea su sensibilidad es triste o negativo. Primero que la tristeza no es buena o mala, es un sentimiento, y como tal existe y no se puede pretender ocultar o negar. Siempre digo que lo importante es que les acompañemos, validemos sus sentimientos, aunque no sean los esperados.


Cuando pongo música (sobre todo si pongo música clásica que nos encanta a todos en casa), me invita a venir a charlar al salón. Y sino, va él solo y se sienta en el sofá, y simplemente se deja llevar. Le encanta. Pero también me encanta verle disfrutar de la belleza que nos ofrece la naturaleza, aunque sea un paisaje urbano. Cuando salimos a la calle es capaz de pararse a observar una flor, olerla, y disfrutarla. Cuando vamos de viaje siempre admira todo lo que le rodea. Todo le parece precioso. Y eso, queridos lectores, es algo maravilloso.

Cuando de repente me mira a los ojos y me dice: "Qué guapa estás hoy", no es algo que dice de forma banal, sino todo lo contrario. Ese día seguramente haya notado un brillo especial en mis ojos, o una mirada que le ha cautivado, porque luego me miro al espejo y solo veo ojeras.

Pero sin duda, lo que más ternura me produce desde siempre es su sentido empático. Yo considero que aún le falta mucho para aprender lo que es la empatía, pues su mundo sigue siendo bastante egocéntrico, pero si me ve triste, en seguida viene a consolarme, o si ve a alguien contento, en seguida se deja contagiar. Si necesito ayuda, no tengo que pedírsela, pues se da cuenta y me pregunta cómo puede ayudarme. Cuando sale a la calle, siempre tiene un "buenos días" preparado para todo aquel con el que se cruza, y ayer comprando en el supermercado, estábamos en la cinta para pagar ya, y detrás de nosotros había un señor con dos roscones que abultaban bastante. Hizo sitio en la cinta y le dijo al buen hombre si quería dejar la compra, que parecía que pesaba mucho. El resto de clientes y la cajera se quedaron sorprendidos. Pero seguramente se llevaron un buen recuerdo de la cola de ayer.

Quizá todo esto que cuento no explica demasiado bien lo que es la alta sensibilidad, pero así es como la vivimos nosotros. Con sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas.