domingo, 26 de marzo de 2017

Gestionar las emociones sin reprimir ni ser un volcán en constante ebullición

Esta última entrada de hoy también está directamente relacionada con la conferencia de ayer, pues cuando se habla de inteligencia emocional, no podemos olvidarnos de alto tan importante como desarrollar nuestras habilidades intrapersonales. Hay gente que opina, conozco compañeros docentes que opinan así, que se debe de empezar por los demás y luego ya, dedicarse a uno mismo. Pero yo siempre he sido de la opinión de, "si no empezamos por nosotros mismos, difícilmente podremos ayudar y dedicarnos a los demás". 

Con lo cual, lo primero que quiero dejar claro en esta entrada es que parto de mi opinión personal al respecto, pues para mí el camino es ése, empezar por uno mismo. En la conferencia de ayer, se habló de que dentro de las habilidades intrapersonales, estaban el autoconocimiento, la identificación y expresión de emociones, la automotivación de la que ya he hablado en mi primera entrada del día y por supuesto, la GESTIÓN EMOCIONAL, una asignatura pendiente de evaluación continua a lo largo de toda nuestra vida. 

Todas las personas deberíamos de practicar la introspección, pero en el caso de personas de altas capacidades, creo que el esfuerzo y empeño que se debe de poner es incluso mayor, porque muchos niños lo que sienten es incomprensión del mundo que les rodea, necesidad de sentirse aceptados, sentimiento de no encajar e incluso piensan que su mundo interior es algo malo, pues muchas veces reciben rechazo, críticas y la no aprobación de su forma de percibir y sentir el mundo. 

Por si aún hubiera dudas al respecto, la superdotación no es una patología, por lo tanto, no lleva vinculada ningún trastorno mental. Tal y como exponía ayer Maite Garnica, simplemente es una característica de la persona que conlleva un desajuste entre desarrollo intelectual y emocional, gran intensidad emocional y alta sensitividad (gran desarrollo sensorial). Por lo tanto, puede conllevar dificultades específicas:

- gran vulnerabilidad e hipersensibilidad emocional
- baja tolerancia a la frustración
- tendencia a generarse preocupaciones internas
- creación de miedos / fobias de origen real
- falta de control ante injusticias. 

En nuestra sociedad, muchas veces no se entienden las reacciones de estos niños ante ciertas situaciones, se escuchan cosas del tipo: "Eres demasiado sensible", "no es para tanto", "es que le consientes y por eso se frustra", "es que le hablas como a un adulto y por eso se preocupa de cosas de adultos, y no de niños", "tener miedo es de cobardes", "la vida es así, hay que aceptarlo", etc. 

La ignorancia, entendida en su acepción literal como falta de conocimiento en un tema concreto, muchas veces lleva a reaccionar de forma hostil, reprochadora, burlesca, sancionadora... a las reacciones de estos niños, tan intensos emocionalmente. El sentirse incomprendidos y tratados injustamente por su forma de sentir tampoco ayuda, y aunque es cierto que son ellos los que tienen que amoldarse al mundo, por otro lado, no deberían de dejar de ser ellos mismos, de perder su esencia, solo porque el mundo, la vida, la humanidad es lo que es.

Por suerte, si bien no es como una aspirina, que te la tomas y desaparece el dolor de cabeza, las personas tenemos la capacidad de gestionar nuestras emociones, para encontrar nuevamente el EQUILIBRIO, entre la desinhibición y la cohibición.

Esto significa que aunque la capacidad cognitiva es algo con lo que venimos cargados de serie, la inteligencia emocional es aprendida, y por lo tanto, susceptible a ser modificada y educada. Ahí es donde, en el caso de nuestros hijos, somos nosotros, sus padres, los que nos convertimos en sus coachers de referencia por excelencia. 

Como he dicho antes, no se trata de que repriman sus emociones sino de que las mismas fluyan, pero con unos límites, moderando, para encontrar ese equilibrio tan famoso del que no he parado de hablar en todo el día. Si por ejemplo nuestros hijos crean miedos lo que hay que enseñarles es a enfrentarse a esos miedos, para que los miedos no se apoderen de ellos. Si donde se encuentra su desajuste es en la falta de control ante las injusticias, lo que tienen que desarrollar son herramientas adecuadas que les permitan dar respuestas proporcionales y adaptativas a la situación en cuestión. Es decir, ni desatendemos ni les animamos a que lo lleven al extremo, pues somos seres sociales y como tales debemos de aprender a adaptarnos sin convertirnos en mártires de la sociedad. 

Todo esto se resume muy bien en un cuadro que se proyectó ayer sobre la gestión emocional  dirigida hacia el pensamiento: 




Ante una determinada situación nuestro organismo reacciona, pero rápidamente se produce el pensamiento, y es en ese punto donde podemos aprender a pararnos a tiempo. La experiencia es nuestra gran aliada, pues nutre nuestra memoria, con lo que podemos anticiparnos a la acción, sabiendo cómo hemos reaccionado anteriormente y qué hemos desencadenado con nuestra conducta o acción, para amoldarnos y ajustar nuestras respuestas de forma adecuada. 

No es tarea fácil, y si ya los adultos tenemos dificultades para gestionar nuestras emociones, para los niños obviamente no iba a ser un camino de rosas. Paciencia, perseverancia y mucha comprensión y dosis de calma, nos ayudarán a lidiar con ello. Lo importante es creer en que podemos cambiarlo, en que podemos aprender. De nada sirven actitudes -que no aptitudes- derrotistas, pues ese es el camino fácil, conformarse que uno es como es y que no va a cambiar. Quien algo quiere, algo le cuesta, y con algo tan complejo como el mundo de las emociones, no iba a ser menos. Pero merece la pena.

Yo no necesito mejorar mi empatía



Esta frase se la he escuchado a mucha gente. Sobre todo cuando pretenden justificar una conducta no asertiva, atribuyendo sus errores a causas ajenas a uno mismo. Pero desde luego que no es muy acertada. Todos podemos mejorar siempre. Y ser muy empático no significa ser sobreempático. La clave, como la mayoría de las veces, está en el equilibrio. Fácil no es, pero merece la pena. 

Voy a intentar resumir algunos conceptos que se definieron ayer al respecto. Empecemos por la empatía, ese algo que procuramos inculcar a nuestros hijos. Teniendo en cuenta que es la capacidad para ponerse en el lugar del otro, tiene dos componentes: un componente cognitivo, más racional, y que nos ayuda a comprender la mente del otro, y un compomente emocional, que nos facilita sentirnos cerca de las emociones de los demás, pero no solo sobre lo que piensan los demás, sino también sobre lo que sienten. 

Además, la empatía tiene diferentes usos, con lo cual, podemos usarla o no, valga la redundancia. El primer uso y más conocido es el que le damos cuando utilizamos la empatía para detectar el estado de ánimo o las emociones de otra persona. Este uso suele ser descrito con frecuencia cuando hablamos de personas de alta capacidad. 

Pero hay un uso más complejo que es el de usar la empatía para actuar, o lo que es lo mismo, pararme a pensar en cómo mi conducta puede afectar positiva o negativamente en los demás. En los niños y no tan niños de alta capacidad es frecuente escuchar eso de tiene cero empatía, o tiene rasgos TEA por la falta de empatía, pero esto no es cierto. No es que no tengan empatía, es que no la usan. Seguramente con los ejemplos que cito a continuación más de uno puede verse reflejado a sí mismo o a sus hijos:

- Corrigen constantemente a los demás (vocabulario, errores del lenguaje, etc.)

- Necesitan decir la verdad siempre, aunque no la quieran oír, sea una verdad inoportuna, etc.

- Interrumpen constantemente en las conversaciones ajenas. Y a priori puede parecer que necesiten mejorar la paciencia, pero esto al parecer es algo más complejo, que solo trabajar la paciencia. A veces, simplemente intuyen las respuestas de los demás, con lo que se adelantan, dan su opinión aunque no se la pidan, con lo que podríamos decir que lo que necesitan mejorar es la ESCUCHA ACTIVA.

- Como también suelen  cuestionarlo todo, al adulto o a la autoridad en general, necesitan una explicación lógica para absolutamente todo, pues también deben mejorar este aspecto, porque aunque uno lleve razón, hay cosas que simplemente son de una forma y punto, y si no aprenden a moderarse, pueden hacer daño a los demás, ofenderles, y en definitiva, conlleva problemas. 

- El que muchas veces sean tan exigentes consigo mismos hace que también lo sean con los demás, por lo que deben de aprender a ser más tolerantes con las equivocaciones de los demás. 

Todos estos ejemplos son indicadores de que debemos mejorar la empatía. ¡Hagámoslo! ¡Nosotros ya hemos empezado!

Y como decía al principio de la entrada, en el equilibrio está la clave. Si somos sobreempáticos, es decir, no solo nos ponemos en el lugar de la otra persona, sino que además padecemos los sentimientos ajenos, esto muy saludable no puede ser, con lo que hay que aprender a moderarse para no convertir la empatía en una conducta desadaptativa, que nos haga daño a nosotros mismos o a los demás. 

Algo muy ligado a la empatía es la asertividad, esa capacidad para poder expresar mi opinión sin ofender a nadie pero sin callarme. La clave, nuevamente, no está en explotar o reprimir, sino en encontrar el equilibrio. Y éste aparece cuando soy capaz de decir lo que pienso de modo tal que no hiera los sentimientos de los demás. Pero ojo, yo puedo ser una persona asertiva y aún así, la persona que tengo delante puede sentirse ofendida, atacada o herida. Pero no porque yo no haya sabido hacerlo bien, sino porque quizá me haya topado con una persona agresiva, a quien digas lo que le digas, se lo digas como se lo digas, siempre encontrará una pega para contraatacar. Hay cosas inevitables. Así es el mundo de las personas.

Lo que está claro es que todos podemos ser más empáticos, más asertivos, y mejorar estas habilidades sociales, ya que no solo nos ayudarán a mejorar nuestras relaciones interpersonales, sino que además nos ayudarán a sentirnos más seguros de nosotros mismos, más satisfechos con nosotros mismos, y eso creo que es algo muy positivo. Si como padres trabajamos estos aspectos, ayudaremos a nuestros hijos a mejorar también, pues somos su principal modelo y referencia.

Esfuerzo vs Motivación


Mi entrada de hoy está directamente relacionada con la conferencia a la que asistí ayer sobre la importancia de la inteligencia emocional en la superdotación, con Maite Garnica como ponente. 

Fue muy interesante y aunque no es mi intención hacer un resumen de la ponencia, sí que me gustaría compartir con vosotros los puntos más destacables bajo mi punto de vista. 

La inteligencia emocional engloba tanto habilidades de tipo intrapersonal como habilidades interpersonales. De ambos, me gustaría destacar lo más importante. 

Dentro de las habilidades intrapersonales, yo destacaría la importancia de la automotivación. Hasta ahora, yo pensaba que para esforzarnos en algo, antes teníamos que estar motivados y que por ello nos esforzamos. Parece lógico, ¿verdad? Pues al parecer esto no es así. Parece que cuando algo nos interesa, ya nos motivamos y por ello lo hacemos con agrado y nos esforzamos. Pero no hay que confundir el interés inicial sobre algo con la motivación. Pues la motivación llega después del esfuerzo. Cuando nos esforzamos en algo, aparece la motivación que además lleva a la motivación interna, que es la más duradera. 

Para explicarlo un poco mejor, voy a poner un ejemplo, que además concuerda perfectamente con esta visión tan esclarecedora. Mi hijo quiere aprender a tocar el piano, y lo hemos intentado desde hace algún tiempo. Este enunciado viene a determinar el INTERÉS. Pero ciertamente no está motivado por tocar, ni por practicar. No se lo ha tomado en serio hasta ahora y no se ha ESFORZADO. Entonces, ¿resulta que no le interesaba realmente aprender a tocar el piano o es que no estaba motivado? Cuando hace unos meses empecé a enseñarle, tuvo que esforzarse, pero ni fue suficiente ni fue constante, con lo que la MOTIVACIÓN no apareció. Próximamente, y desde este nuevo punto de vista, volveremos a probar, sabiendo ya cómo encauzarlo. Ya os contaré.

Por otro lado, debemos saber cómo automotivarnos, ¿cierto? Muchas veces buscamos una motivación externa, para obtener algo (normalmente en forma de premios o recompensas), pero al final no resulta suficiente, pues esta motivación extrínseca tiene fecha de caducidad. Con lo cual debemos de aprender a automotivarnos de forma intrínseca, una motivación que nace desde dentro. Es muy complicado, porque si yo pongo el ejemplo de mi hijo, que tiene tanta desmotivación hacia el colegio porque se aburre, ¿cómo logro darle la vuelta a la tortilla? Hasta ahora yo le decía: "haz esto que no te gusta rápido y así luego puedes hacer lo que sí te gusta". Seguramente muchos de vosotros hacéis lo mismo, no solo con vuestros hijos sino con vosotros mismos, ¿me equivoco?

Pues al parecer, esto es un ERROR. Para lograr encontrar una motivación interna, y por lo tanto, más duradera, debemos de aprender a cambiar el chip. Y cambiar esa frase por algo así como: "Intenta hacer esto mejor o de una forma diferente". Yo ya he empezado a ponerlo en práctica, así que ya os iré comentando avances.

sábado, 25 de marzo de 2017

Tolerancia social hacia la sensibilidad


No sabía muy bien cómo enfocar ni tan siquiera el título de esta entrada, veremos qué sale de esto...

Cada niño, cada persona, es un mundo, sea o no sea AC, somos seres únicos e irrepetibles. Con tanta diversidad resulta incomprensible -al menos para mí-, que no se toleren, no se comprendan, ni se respeten, las diferentes formas de ser de una persona. La presión social, la educación familiar y cultural, lo que se espera de nosotros, hacia qué lado se dirige la mayoría...son los obstáculos que nos encontramos por el camino. 

La semana que viene acaba un taller de creatividad específico al que iba mi hijo. ¿Por qué específico? Por el tipo de alumnado y sobre todo por los dos profesionales que han llevado el taller. Hasta octubre no volvemos, pero tengo claro que repetimos. Lo que hemos sacado del mismo no es lo que haya podido aprender, que al final  es lo de menos, sino que ha sido un lugar donde ante todo, ha habido aceptación y normalización. Se ha trabajado mucho la parte emocional y social, respetando diferencias, dando a cada alumno lo que necesitaba. Y una vez te dan ese caramelo, ya solo quieres repetir del mismo. 

¿Pero por qué en ese taller se resuelven los conflictos asertivamente, por qué la dinámica es tan diferente al cole? Hay una cosa que me dijo uno de los psicólogos que lo imparten, con la cual estoy completamente de acuerdo. Cuando hay un conflicto, la actitud del docente/adulto es fundamental. Si el docente muestra nerviosismo, enfado o inseguridad a la hora de afrontar ese conflicto, al final se transmite a toda la clase. Si lo resuelve de forma tranquila, dando tiempo y espacio, respetando y aceptando a cada alumno como es, con límites, por supuesto, el alumno del conflicto aprende poco a poco a gestionar esas situaciones sin ser juzgado, sino como un aprendizaje más, y el resto de alumnos tampoco juzga, normaliza y acepta. Si esto se hiciera más en los coles, y en la sociedad en general, estaríamos promoviendo una tolerancia real. Y con tolerancia no me refiero a que se aprueben comportamientos y actitudes inadecuados, sino que se resuelvan de forma asertiva y tranquila, dando seguridad a todo el grupo. 

Es por eso, que ahora que estoy buscando una actividad motivadora para mi hijo para los próximos meses, me estoy encontrando con que no es tan fácil. Y podréis pensar, "no hay que presionar al niño y tenerlo ocupado todo el día". En su caso es que no está nada ocupado, a lo que se le suma que lleva dos meses sin ir al cole, con lo que sí que me interesa. Ni viviendo en la capital es tarea sencilla. Sobre todo si buscas algo específico sin que tengas que arruinarte por dar a tu hijo algo que necesita y que además sea un sitio donde acepten sus sensibilidades sin juzgarlas. Y podréis pensar de nuevo, "es que es él quien tiene que adaptarse al mundo, y no al revés". Y creedme que así es como pienso, pero no es lo que necesita ahora mismo. Por el momento necesita comprensión, necesita encajar en un grupo donde se le respete y se le comprenda sin ser juzgado, necesita subir esa autoestima, sentirse valorado y querido por ser quien es, no por ser como los demás quieren que sea, que para eso ya tiene el cole, y este año ha sido horrible. 

Y lo bueno es que empieza una época en la que dispondré de más tiempo para buscar y encontrar, para decidir, probar, concienciar, aceptar y que acepten. Será un nuevo camino largo, pero confío en las personas. Al final mi hijo encontrará la aceptación, él ya está poniendo de su parte para aceptar también. 

Pronto os contaré novedades, pues hoy vamos a una conferencia sobre la importancia de la inteligencia emocional en la superdotación, y seguro que sacamos cosas muy interesantes de ahí.





lunes, 13 de marzo de 2017

El aburrimiento en el cole, ¿tiene solución?


Los niños tienen que aprender a aburrirse... Es un comentario que oigo bastante a menudo. Y es cierto. Vivimos en la sociedad de la velocidad, donde no hay tiempo para descansar, vamos de un sitio a otro, llevamos a nuestros hijos de una actividad a otra, en cuanto ponen cara de no saber qué hacer les damos una solución, y todo ello evidentemente no ayuda a que aprendan a aburrirse.

Y todo depende del enfoque que se le dé al concepto de aburrimiento. Nosotros, podría decirse que vamos a contracorriente, porque ni llevamos ritmos frenéticos, ni me monto películas para entretener a mi hijo, pero ni ahora ni antes, ni nunca. He de reconocer que me ha ayudado el carácter de mi hijo y su espíritu explorador, que le hizo ser independiente desde que era bebé. Así que yo le dejaba. Para él, de hecho, la palabra aburrimiento es sinónimo de creatividad, pues en cuanto no sabe qué hacer, se da un par de vueltas y algo inventa. Si es que se entretiene con cualquier cosa. Y disfruta de ese estado de empezar a aburrirse, pues se deja llevar por su imaginación. Algunas veces incluso solo se tumba en la cama a pensar (no como castigo, no penséis mal, digo a pensar de verdad).

Pero supongo que el espíritu libre que es mi hijo también le trae algunos problemas, en el cole incluso muchos. Pues en el cole todo son normas, todo es obedecer y hacer las cosas de una única forma, sin salirse de lo estrictamente demandado por el libro o el profesor. A esto le añadimos que se aburre, entre monotonía y tripiticiones, y tenemos un cóctel Molotov, pues su forma de matar el aburrimiento cuando desconecta en clase es inventar. Los profesores le regañan, le castigan por negarse a trabajar, y él cada vez se pone más rojo de ira. 

Y hemos inventado todo tipo de estrategias para que, por un lado, cumpla con sus obligaciones en clase, y por el otro, recupere la motivación perdida. Pero no han funcionado. Ahora está en casa y claro, se acabó el problema, aunque solo en parte. En casa hace los deberes (al principio se seguía negando, y le sigue costando), y luego le dejo que investigue y amplíe para que aprenda a darse cuenta que en el colegio sí que aprende, porque de momento lo niega (¡Ay la aceptación, que duro es el proceso!).
Pero al menos va entendiendo que aunque lo básico lo tenga más que interiorizado, ese concepto básico le sirve de puente o de trampolín para aprender lo que aún desconoce.  Y poco a poco, la motivación aparece en forma de flashes

Pero habrá que prepararse para cuando vuelva al cole. En su caso, el plan es claro: sustituir repeticiones por algo que le suponga mayor reto o le haga profundizar sobre un tema. Y me diréis, pero eso lo puede hacer en casa, y yo os digo: creedme que lo hemos intentado, pero ni aún así. Necesita un mínimo de aliciente para soportar las 25 horas semanales de clase, y a ser posible, algo motivador al día como mínimo. Y pactar y pactar con él. Tiene que aceptar que el cole es así, y que deberá esforzarse por integrarse en el ritmo y exigencias de una clase, que es su obligación auqnue se aburra, como es la nuestra, como padres, el trabajar para tener dinero. El concepto lo tiene clarísimo, pero el duelo de la aceptación a veces tarda más en producirse. 

Con el cambio de cole, tengo claro que lo primero que quiero plantear a los profesores que van a estar con mi hijo, es la importancia de su motivación, pues ha sido la principal causante de todos los problemas este año. El profesor es nuestro mejor aliado, y a veces no saben por dónde tirar, pero si hay voluntad, nosotros también podemos darles ideas y pactar con ellos para que todos cumplan con sus derechos y obligaciones. 

Lamentablemente me veo incapaz de contestar el título de esta entrada, al menos de momento, pero espero que dentro de un año pueda escribir una entrada similar con la respuesta. Toca seguir remando y remando, pero estoy convencida de que llegaremos a buen puerto. Soy optimista. :)

martes, 7 de marzo de 2017

Homeschooling temporal por ansiedad y depresión

Hace semanas que no escribo, pues entre reuniones con el cole, con el orientador, con el psicólogo de mi hijo, con el inspector, con la pediatra, y con el homeschooling que llevamos practicando desde hace unas cuatro semanas tras haber conseguido una baja escolar transitoria, el tiempo que me sobra al cabo del día, lo voy acumulando a cuentagotas para coger fuerzas para el día siguiente. 

Pero al menos puedo decir que ahora voy relajada a trabajar, no tengo que estar pendiente de que me llamen del cole, y mi hijo está mejor, mucho mejor. Debo agradecer esta solución a unos familiares, que se pueden hacer cargo de él mientras por las mañanas.

Poco a poco vamos consiguiendo rebajar esa ansiedad y depresión, y desde hace un par de semanas ya es capaz de trabajar sin enfadarse ni frustrarse, ni negarse a ello. Ha dado pasos de gigante, pues hace un mes, estaba en una situación completamente diferente. Sigue teniendo problemas de concentración (algo que ha aparecido cuando empezó a estar mal), pero ya no se frustra tanto cuando se sienta delante de un tedioso libro del cole.

La situación actual es que la orientadora, que al menos ha tenido una reunión y contacto telefónico con el psicólogo de mi hijo, piensa que hay algo más, está convencida de que tiene algún trastorno, incluso sugirió Asperger el último día que lo llevé al cole. Así que hasta que no esté hecho el diagnóstico diferencial no va a seguir evaluando al niño de forma oficial sus AA.CC para darle por fin lo que necesita: una ADAPTACIÓN CURRICULAR. Ha dejado todo en manos del psicólogo de mi hijo, quien a falta de terminar el informe ya me ha repetido y re-confirmado que mi hijo no tiene nada, además de su condición de ACI. Veremos lo que sucede cuando reciban en el cole el informe, pues estará recalcado que lo primordial es acabar la evaluación y elaborar una adaptación. Mientras no esté eso, no creo que vuelva mi hijo al cole. Deseando estoy de que se abra el plazo de matriculación para el próximo curso, pues lo que sí tengo claro es que en septiembre no seguirá en el mismo centro, donde ya tiene la etiqueta de alumno con problemas, donde el ambiente está muy deterioridado, y donde mi hijo no se siente para nada a gusto, ni protegido, ni relajado, e incluso siente miedo cuando va.

En cuanto terminen de tramitar los papeles hasta irá un profesor durante 90 minutos diarios a casa. No es que lo necesite, pero lo exige Inspección. 

Lo que más estoy trabajando con él en casa actualmente es la aceptación. En ese aspecto hemos hecho grandes progresos, pues durante semanas se ha negado y negado, y no había forma de hacerle cambiar de parecer. No trabajaba, y como le presionaban para que lo hiciera, la situación acababa en enfrentamientos poco agradables con los profesores, de quien él decía solo estar defendiéndose. Sea exagerado o no por su parte (durante meses no ha parado de escuchar gritos en clase, sobre todo dirigidos a él), así es como él lo ha estado percibiendo. 

Por otro lado, también estamos trabajando la motivación por aprender, ésa que antes le sobraba y tenías que pararle los pies porque sino ni dormía ni comía, y que este curso había desaparecido por completo. Así que investigamos juntos, hacemos proyectos, buscamos curiosidades, y todo ello lo llevamos al papel (rechaza leer y escribir cosas del cole, pero así lo hace sin darse cuenta). Mi intención es ir exigiéndole poco a poco cada vez más, para que sea capaz de aguantar más de dos horas haciendo cosas del cole, pues el día que vuelva, tendrá que estar 5 horas sentado, otra vez. 

Tengo claro que mi hijo es un alumno desahuciado del sistema educativo, no encaja en él, pues su forma de aprender, su forma de ser, sus motivaciones, sus sueños, sus aspiraciones, su ritmo de aprendizaje... no se adaptan a lo que el sistema educativo exige de él. De ahí la importancia de la aceptación. No obstante, debido a su sensibilidad, y a su carácter -y aunque lo estemos trabajando, y luchemos por mejorar-, esa adaptación al sistema educativo la veo difícil -y no quiero decir imposible-, ojalá me equivoque. Y confío en que el año que viene, si damos con el centro adecuado, la situación mejorará, pero para ello, es muy importante no solo que le adapten académicamente, sino que le acepten y entiendan y sepan tratar su altísima sensibilidad. 

De momento, y para concluir, puedo decir que en este periodo de transición por fin vemos algo de luz, tengo que dar las gracias a las personas -conocidos, familiares, amigos, y por supuesto, al psicólogo de mi hijo-, que nos están ayudando y apoyando para salir de esta situación.
 

viernes, 27 de enero de 2017

El duelo de la vida: De la negación a la aceptación (Parte 2 de 2)

 A pesar de acusarme de meterle al niño en la cabeza que el cole es aburrido y que no aprende nada, yo que llevo meses intentando motivarle en casa, haciendo una fiesta cada vez que le arranco una frase positiva relacionada con el aprendizaje en el cole, como que ha aprendido una palabra nueva, etc., de repetirle hasta la saciedad que su obligación es ir al cole como la de los adultos es ir a trabajar, y que es algo que ha de hacer, y que ha de ir de la mejor forma posible, porque es un trámite diario ineludible, me he dado cuenta de que todo este tiempo lo he estado haciendo mal. No se pueden montar fiestas porque el niño aprenda que "extremidades" son "limbs", pues eso no es lo suficientemente motivante para aguantar 5 horas diarias en el colegio. Ni de nada sirve que observe al resto de compañeros, y que se dé cuenta que el resto de compañeros sí van contentos al colegio, porque eso no le hace cambiar de parecer, pues no hace más que reforzar que el problema lo tiene él. Algo malo debe haber dentro de él para no disfrutar yendo al colegio, ni repitiendo una y otra vez las mismas sumas, las mismas restas, etc. 

Y hoy por fin me he dado cuenta que lo que necesita aprender cuando vaya a terapia es a aceptar que el colegio para él es una mierda. Y es hoy cuando me he dado cuenta, que en realidad lo que necesita es superar un duelo. Aunque no sea una pérdida propiamente dicha, es un aceptar que es él quien se ha de adaptar al mundo y no al revés. Porque la tierra seguirá girando aunque él sufra, aunque le molesten los ruidos y las voces elevadas de los profesores, y los libros aburridos del colegio. 

En silencio ha pasado por la fase de negación, de negociación con la realidad y por la depresión. Ha intentado buscar estrategias para sobrellevar de la mejor forma posible vivir en esa cárcel que para él es el cole. Se ha empezado a evadir, a entretenerse en clase con sus amigos imaginarios o a desarrollar proyectos para mejorar el mundo. Pero tampoco ha sido suficiente, y además también ha sido recriminado por ello. 

Ahora está en la fase de ira, y lejos de convertirse en el paso previo a la aceptación, se ha convertido en su peor enemigo, pues le ha llevado a la autodestrucción. Cada mañana, desde hace 3 semanas, se levanta con ansiedad, nervios, tensión, irascibilidad, susceptibilidad. Apenas necesita detonante para estallar. Y lo peor de todo es que en casa está bien, en la calle está bien, haciendo otras actividades está bien. Solo le pasa cuando tiene que ir al cole. Aún así, nadie me ha escuchado, han intentado buscar el problema fuera del cole, han intentado hacerme creer que tiene otros problemas, pues el aburrimiento y su sensibilidad no son motivos suficientes para esas reacciones tan desproporcionadas. A pesar de que en textos de psicología, uno de los síntomas de la ansiedad es precisamente ese exceso de agresividad. 

La semana que viene tengo por fin la cita con el inspector, en el nuevo cole ya nos han confirmado que no hay problema, en su cole ya por fin respetan nuestra decisión. Seguramente no se solucionarán sus problemas solo por cambiar de cole, pues tiene muchos fantasmas contra los que aún tiene que luchar, aún le quedan traumas por superar. Ojalá la burocracia no haga de las suyas y acepte sin más nuestras motivaciones. 

Toca empezar de cero, y nos va a costar a todos. Son muchos cambios de golpe, y la terapia no la podemos dejar. Pero hoy he entendido que necesita un nuevo enfoque: buscar la aceptación. Y para encontrarla, necesita entender y aceptar que aunque en muchos momentos el cole no será su lugar preferido, ha de aceptarlo porque sí, porque no se puede evitar. Tendrá que seguir aguantando durante muchos años más 5 horas diarias como mínimo en un pupitre, pero si aprende a aceptar que solo suponen 5 horas de las 24 que tiene el día durante 5 días de 7 que tiene la semana, durante 9 meses de 12 que tiene el año, entonces quizá y solo quizá aprenderá a gestionar esa frustración y ese sufrimiento que le impide tener el autocontrol necesario para acudir cada día al colegio, y sobrellevarlo de la mejor manera posible, sin cuestionarlo absolutamente todo, pues muchos ya sabéis que estos niños son insaciables, necesitan una respuesta para todo, necesitan comprenderlo todo, y muchas veces les cuesta aceptar una respuesta porque sí. Pero es que en esta vida, muchas veces debemos de aceptar las cosas como son, sin cuestionarnos nada, aceptar las normas porque son las normas. Es así,ya que somos seres sociales que convivimos en una sociedad, la cual  nos obliga precisamente a cumplir con reglas cada día. 

Y me entristece enormemente pensar así, pues no es mi intención ser derrotista. El colegio debería de ser un lugar motivador, donde se cultive la curiosidad y el afán por aprender. Pero o cambiamos de táctica, o la autodestrucción se hará cada vez más grande, y las soluciones cada vez más efímeras.

El mundo será un lugar mejor para todos cuando se tolere la diversidad y se respeten las diferencias de verdad; mientras tanto, es la diversidad la que debe de encajar en este mundo.


El duelo de la vida: De la negación a la aceptación (Parte 1 de 2)

Estas últimas dos semanas han sido duras, muy duras. La vuelta al cole tras las vacaciones de Navidad ha sido muy traumática, y lejos de convertirse en una fase más que se supera a los pocos días, no ha hecho más que abrir aún más la herida.

Ese constipado que no se ha vigilado durante los últimos meses, finalmente ha acabado en una neumonía de caballo. Pero realmente fue un constipado que se llevaba fraguando desde hace más de dos años. Hasta un punto de no retorno que nos ha llevado a tomar decisiones drásticas. Drásticas pero muy meditadas. 

En el cole, el comportamiento disruptivo cada vez ha ido a más; el malestar es tan grande, que los intentos de escaparse se han sucedido día tras día. Como no le han dejado escaparse, ha recurrido a  sus primitivas armas y ha descargado toda su ira contra esas personas que en teoría debían de protegerle. 

Ya venía anunciándolo hacía semanas, cuando describió perfectamente lo que sentía. Se sentía prisionero en una cárcel en la cual tenía que estar sí o sí y de la cual no podía escapar. Al final hemos acabado todos desesperados y tirándonos los trastos a la cabeza. Cualquier intento de restablecer el orden es en vano. Pues él ha abandonado. 

De forma urgente pido cita con su psicólogo, y lo único que es capaz de verbalizar es que se siente un monstruo, un incomprendido, una mala persona, un inútil que no vale para nada, y cuando se desata la furia, no hay tecla de Escape pues él hace esas cosas porque es un monstruo. Y todos los días repite lo mismo: "No aguanto los gritos, no aguanto aburrirme en el colegio". Pero a ojos de los docentes, poco preparados para lidiar con niños así, con poca voluntad, que piensan que estos niños no necesitan nada porque van sobrados, todo esto son cosas de niños. Pues él ha de entender que ha de ir al cole sí o sí, y ha de hacer la tarea sí o sí; y si tan inteligente es, cuanto mejor debería de comprender que esos comportamientos son intolerables. Su psicólogo me confirma que tiene ansiedad, pero que tiene que seguir viéndolo, pues le cuesta abrirse, supongo que está harto de decir lo que le pasa y de que nadie haga nada por cambiarlo. Sigue sin comprender. 

Después de pelearme varios días con el cole, de explicarles que lo que necesita con urgencia es adaptación, que está muy desmotivado, que por eso ya no quiere ni trabajar en clase, aunque sepa que luego en casa tenga que hacer lo que no ha hecho en clase, recibo la llamada. No pueden con él -nuevamente se niega a trabajar y ante la insistencia, empieza a agredir, irrumpe en ira-, y eso a las 9 de la mañana. Me piden que vaya a recogerlo, y de camino al colegio, teniendo que dejar mi puesto de trabajo, le doy vueltas a cómo afrontar la situación. La decisión está tomada, el niño no vuelve al cole. Lo llevaba avisando desde hacía semanas, que el niño no estaba para ir al cole, pero claro, cómo iba a a reforzar ese deseo de no ir, si lo dejaba en casa; no podía ser. 

Y ahora empieza una nueva lucha, empezar de cero, con necesidad de positivismo, de intentar hacer las cosas bien, de ver por fin la luz al final del túnel.
Así de pequeño se siente mi hijo en clase. Pizarras llenas de las mismas sumas cada día, niños que al lado del docente, son pequeños e insignificantes. La puerta, lejos, cerrada, imposible de escapar. :(

domingo, 15 de enero de 2017

Las Altas Capacidades salen caras


Cuando oyes comentarios sobre altas capacidades de personas que no están muy familiarizadas con el tema, te puedes encontrar con comentarios del tipo: "Pero si lo tenéis muy fácil, ser inteligente te abre muchas puertas, y puedes hacerte rico, tienes más oportunidades".

La verdad es que normalmente sucede todo lo contrario. Cuando empiezan a ocupar espacio en tu cabeza las altas capacidades porque sospechas que tu hijo puede tenerlas, piensas quizá que el paso más complicado sea confirmarlas, y que una vez detectadas, todo será más fácil, y que todo irá sobre ruedas. 

¡JA! Pues la realidad es otra bien distinta. Después de ese periodo de angustia por el cual pasamos la mayoría de familias sobre si será o no será, me lo parece, y no me lo parece, empieza la verdadera batalla. Si las AACC se han confirmado a través de un gabinete privado, toca comunicarlo en el colegio, cruzar los dedos para que sean abiertos y tengan capacidad y sobre todo VOLUNTAD en atenderlas. Y eso en el mejor de los casos,pues otro de los caminos complicados pasa por oficializarlas ante la Administración. De esto se encargan los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de cada comunidad. El proceso puede ser largo y tedioso, y mientras tanto tu hijo sigue sin la atención que necesita. Conozco demasiados casos en los que esta fase se convierte un auténtico calvario para las familias, pues o no están por la labor, o están desbordados de trabajo porque SIEMPRE hay casos más urgentes que atender, ya que como ellos van sobrados y otros no llegan, se atiende primero al que no llega, aunque el que va sobrado esté sufriendo de depresión infantil, conductas disruptivas, vaya a terapia, etc. Pero también puedes encontrarte, y esto es bastante habitual, que los responsables no estén cualificados para evaluar las altas capacidades. Pasan las pruebas sin tener la suficiente pericia y conocimiento que se requiere para aplicar e interpretar los tests, y como al final lo que cuenta es el dichoso número, acaban determinando que tu hijo no es de altas capacidades, y dejan a tu hijo sin atender. 

Pero aquí no está todo perdido, pues puedes pedir una segunda evaluación o de contraste al DAT e incluso una tercera a la Consejería de Educación correspondiente. El asunto se complica, se alarga y tu hijo sigue sin ser atendido.

¿En qué punto estamos nosotros? Pues tras la evaluación completa privada, solicitamos directamente la validación por parte del EOEP mediante prueba de contraste, tuvimos la reunión con el orientador de zona que nos dijo que pasaría alguna prueba, pues el informe que entregamos les pareció bastante completo. Entre tanto, el equipo de orientación del cole nos dijo que mientras se tramitaba, igualmente atenderían ya a mi hijo, pero esto aún no ha sucedido. Ni siquiera hemos tenido la reunión con tutor, jefe de estudios y orientador del cole (llevamos más de dos meses esperando). Sorpresa cuando me cuenta el niño que el viernes   le sacaron para hacer una actividad. De esto me informó a mitad de semana el orientador del cole, y nosotros pensando que se trataba de actividad de ampliación. Cuando el niño empezó a describirme la "actividad", entendí perfectamente que se trataba de un test de inteligencia. Le pasó 4 subpruebas del WISC. El niño me dijo que había alguna que no quería hacer, y así se lo transmitió al orientador, quien a pesar de decirle que acabarían en seguida, continuó, esa subprueba finalizó rápidamente ante la no colaboración por parte del niño. Aún así le pasó otra prueba más. Ahora me toca pedir explicaciones, pues de haberlo sabido, le habría explicado al niño que le iban a hacer una prueba para medir su inteligencia y que debía de esforzarse aunque no le gustara alguna prueba, pues solo así sabrían su verdadera capacidad. Y me parece tan injusto que actúen así, pues parece una jugarreta a traición, tras saber que había pasado una mala semana, un viernes a última hora, y habiéndome dicho que se trataba de una actividad, no de una prueba. Y obviamente me tocará pedir explicaciones y reclamar, seguramente acabe dentro de poco en el DAT.

Mientras tanto, y en vista del largo proceso que se viene encima, intentas atender a tu hijo por tu cuenta, fuera de la Enseñanza Reglada, por lo tanto, toca invertir dinero en actividades extraescolares, que permitan no solo desarrollar su talento, sino en muchos casos, hacerle recuperar la motivación perdida. A esto se suma, que si buscas actividades específicas para niños de altas capacidades o muy especializadas, muchas veces puedes encontrarte con actividades que suponen 80 y hasta 120 euros al mes. Si eliges más de una actividad, el presupuesto familiar se sigue incrementando. ¿Y por qué hablo de actividades específicas? Porque hasta ahora nos hemos encontrado con la barrera de la edad sobre todo, ya que en muchas ocasiones no le han permitido formar parte de alguna actividad o taller por ser demasiado pequeño, a pesar de que por capacidad habría encajado perfectamente. Y porque cuando buscas actividades, al clasificarse por edades, éstas no suelen suponer ningún reto para mi hijo, y acaba aburriéndose. Conm lo fácil que sería todo si le gustara el fútbol, ¿verdad?

Pero es que además, en muchos casos, esto no es suficiente, ya que el foco del problema está en el colegio y es donde siguen sin estar atendidos, con lo que a veces no sirve ni para tapar el parche. Si además tu hijo necesita ir a terapia, o tratar alguna dificultad añadida, la cuenta empieza a estar en números rojos, si tu nivel socioeconómico está en la media. Con lo que sí, tener altas capacidades para muchas familias bien supone renunciar a cultivar ese talento, o bien pedir créditos, o bien renunciar a otro tipo de gastos familiares (ocio, vacaciones, coche nuevo, etc. ) o bien ser muy hábil en coleccionar cupones de descuento del supermercado.

En nuestro caso, nuestros recursos económicos son bastante discretos, con lo que tenemos que evaluar bien en qué invertir el dinero. Pues entre otras cosas, necesitaría volver a terapia, aunque en esta ocasión con psicólogo especializado en altas capacidades que es quien mejor podría atender al niño, para ayudarle a gestionar su frustración, su aburrimiento, su nerviosismo y ansiedad ante el colegio. Pero de momento no podemos, y al final hemos apostado por un taller a través de la asociación que se imparte dos sábados al mes hasta abril, y donde comparte experiencias con otros niños de AC.

Las clases de piano se las doy yo en casa, gracias a que fui a la escuela de música de niña, y para empezar, algo puedo enseñarle. Es fan de Beethoven, como él dice, y está muy motivado para aprender a tocar el piano.

En Navidades y cumpleaños no hay juguetes, hay material educativo (Microscopio, telescopio, el teclado, juegos de ciencia, algo de construir...), pues es lo que demanda y por supuesto no le dan en el colegio.

En definitiva, darle lo que necesita (y no son caprichos), sale caro. Y no queremos renunciar a ofrecerle las oportunidades que necesita para un desarrollo pleno. En vista de que el cole no quiso evaluar en su día, este verano hemos tenido que renunciar a vacaciones para pagar la evaluación completa de forma privada ¿Es exagerado? Creo que tomamos una buena decisión, pues era importante evaluar para cerciorarnos de que íbamos por el camino correcto y que no nos dejábamos nada por el camino, y porque a pesar de no haber podido escaparnos, hemos podido disfrutar de otras experiencias (Museos, excursiones, etc.) para desconectar de la rutina y cargar pilas.

¿O realmente deberíamos no darle tanta importancia y tratarle como un niño que pide muñecos de la tele? Pero es que no los pide. Su sueño es aprender, construir, realizar proyectos de astronomía o laboratorio. Además de todo eso es niño como los demás y le gusta jugar, pero hoy por hoy, sus carencias intelectuales están interfiriendo en el resto de áreas. Ayer me contaba mi hijo que le encantó el taller porque le hacían pensar, ya que en el cole no usa el cerebro. Un poco triste, ¿verdad? Pero así es la enseñanza, al menos por regla general, y hablando de enseñanza...de colegio ni hablamos, pues lo que realmente le vendría bien es un colegio alternativo, pero de esos hay pocos y la mayoría privados. Tampoco se trata de convertir su Educación en algo elitista, pero si los colegios educan para la media y no está en ella, ya está en el banquillo. Aún queda mucho para que en España se generalice una verdadera escuela inclusiva. 
Volviendo a la evaluación de las AACC, por otro lado, tenemos el caso de niños que directamente son evaluados por colegio / EOEP, con lo que en sus manos está que se confirmen sus AACC, y por los mismos motivos que antes, en muchas ocasiones sucede que los niños no son correctamente detectados. Las familias que se conforman porque creen en esos resultados, pasan página, y es posible, que en años venideros empiecen a tener problemas por no atender esas altas capacidades que nunca fueron confirmadas,   buscando otros diagnósticos que nunca salen a la luz o encontrando diagnósticos que no son lo que realmente son, lidiando con un posible fracaso escolar, y por supuesto, un desaprovechamiento de ese talento, ya que en esta situación, el niño jamás es atendido por el centro educativo. 

En el caso de familias que siguen insistiendo que su hijo sí es de AACC y sigan luchando porque las mismas se confirmen, nuevamente batalla a la vista, pues o bien tienen que esperar 2 años hasta volver a evaluar, o bien intentan buscar la solución fuera del centro educativo o bien buscan de nuevo atenderles externamente al colegio mientras se confirman dichas altas capacidades.

Por suerte está el caso de niños que son detectados por el colegio y confirmados por el EOEP y proceden con las medidas de atención. Los menos reciben medidas adecuadas, enriquecimiento, aceleración... pero son los menos.

Y lo mejor es no quejarse, aunque esas "medidas" impliquen tarea extra (más de lo mismo) cuando acaban la tarea, o trabajo de ampliación para casa, porque aunque en el informe venga subrayado y en negrita que se deben evitar las tareas repetitivas, no puede dejar ni una sola ficha del libro sin hacer, y ya si convierten a tu hijo en el encargado de subir y bajar las persianas, ya es para enmarcar dicho cargo... nótese la ironía. 

En cualquiera de los supuestos, la familia sufre, el niño sufre, y esto es de lo que realmente deberían de aprender los colegios, docentes, orientadores, etc., pues a veces no se dan cuenta que está en juego algo más que un número o un diagnóstico; está en juego el futuro de un menor, que se halla desamparado y perdido en medio del Sistema Educativo. El estrés que se sufre como familia es directamente proporcional al grado de injusticia, tardanza, no atención y problemas secundarios derivados de esa no atención. El sistema educativo debería de velar porque esto no siga sucediendo, pues el colegio no es un negocio ni un presupuesto. He leído informes de orientadores en los que concluyen que el colegio "X" no está capacitado para atender a dicho alumno por falta de recursos. ¿En serio? ¿Tan difícil es atender? ¿Acaso se han leído las orientaciones de atención a este tipo de diversidad en las aulas? El dinero no lo es todo, y como he dicho más arriba, se necesita más VOLUNTAD, y más ACCIÓN.

Las familias no nos inventamos los problemas, ni nuestros hijos han elegido aburrirse en el cole o ser demasiado sensibles para esta sociedad o tener mayor capacidad que la media. 

Muchas veces maldigo este don, deseo que ojalá hubiera sido un niño de la media, que no destaque en nada y pueda adaptarse a la media, pues después de años de lucha ves que tu hijo sigue sufriendo, sigue sin ser atendido, y la tensión que siento cuando voy al cole a recogerle, pensando en qué habrá pasado ese día, es algo que si no se vive, no se puede entender. Pero luego pienso en todos los momentos que nos regala, en que este don que tienen estos niños debería de ser aprovechado por la sociedad, para mejorarla, para construir un futuro mejor para nuestros nietos. Y no voy a entrar en cuestiones políticas, porque creo no es el lugar adecuado. 

Pero sí, puedo confirmar que las altas capacidades salen caras, a nivel atencional y económico, a nivel familiar, a nivel psicológico, a nivel de esfuerzo, dedicación y compromiso en la lucha por esos derechos que pertenecen a nuestros hijos. 

Y porque a fin de cuentas, la familia somos el único soporte real de nuestros hijos, pues si nosotros como padres no velamos por su bienestar y luchamos por sus derechos, nadie más lo va a hacer. 

Intentamos llegar a esa comunicación familia-colegio que es puro postureo en muchas ocasiones, pues es fundamental caminar en la misma dirección, y esto sucede demasiado poco. 

Así que profesores, orientadores, directores, en definitiva, actores involucrados en la Educación de nuestros hijos, ¡abrid los ojos!, y no miréis hacia otro lado, porque alguna vez os tocará a vosotros y a lo mejor tampoco tendréis dinero ni recursos suficientes como otros, que mandan a sus hijos a EE.UU y así resuelven su papeleta ante las AACC. 

Yo llevo relativamente poco tiempo en esta lucha, apenas 3 años, pero conozco familias que están en mucha peor situación que la nuestra, con hijos adolescentes, que no solo no han sido atendidos sino que además han fracasado en la escuela. ¿No resulta paradójico? El gran potencial, como obstáculo hacia el éxito...

miércoles, 11 de enero de 2017

Vuelta al cole, ansiedad, miedos y adaptación

No he tenido tiempo ni cuerpo para escribir antes. Como ya vaticinaba, la vuelta al cole este lunes después del descanso navideño, no ha sido para nada pletórico. 

A las 8.05 de la mañana ya estaba recibiendo una llamada del cole, y solo hacía 5 minutos que había entrado por el umbral de la puerta. Entrar ya es decir mucho, ya que entre dos personas y a la fuerza tuvieron que meterlo dentro. Tuvo que ser un show, por suerte o por desgracia no pude verlo. 

La noche anterior, cómo no, le costó conciliar el sueño, y a las 6 de la mañana ya se había despertado y empezaba a quejarse de dolor de garganta. Nos despedimos bien, sin contratiempos, y nada parecía indicar que las aguas tardarían demasiado poco tiempo en volverse turbias. Pero así fue. Ya en el coche de su amiga con la que va, empezó a anunciarse el desastre. Cada vez más nervioso y tenso, irritable, y necesitaba una brisa para estallar. 

Lo primero que me dijo el jefe de estudios a la salida del cole fue: "es que no ha sido en el cole, ya vino así. Nosotros no nos responsabilizamos y no tenemos culpa". En ese momento no sabía si tirarme de los pelos o hacerle un plano de la situación, pero en vez de eso, recurrí a las nuevas tecnologías para enseñarle el famoso dibujo del cole-cárcel que había hecho mi hijo la última semana de clase antes de las vacaciones de Navidad. Le llamó la atención (¡Aleluya! ¡Algo es algo!) y estuve media hora intentando explicarle que aunque yo entiendo que las reacciones de mi hijo en ciertas situaciones son desproporcionadas, lo único que pido por parte de los profesores y demás personal del centro educativo, en el cual conocen la realidad de mi hijo, es que vean más allá de su irascibilidad. Pues solo está pidiendo a gritos ayuda. Que lo escuchen en vez de tacharlo de mentiroso (que no lo es, y no lo digo porque soy su madre), que les salten las alarmas y empiecen a actuar sabiendo la gran desmotivación que el niño siente por ir al colegio, que cuando no hace la tarea en clase no es por vaguería, es por falta de reto y por reiteración reiteradamente reiterada. Que está llegando a un punto en el que ir al colegio le provoca ansiedad, que esa ansiedad, unida a nerviosismo, se transforma en una mayor susceptibilidad, de modo tal que a la mínima que algo le pase o le hagan, salta, explota e intenta liberarse de ese malestar. Que le tengan en cuenta, que se dirijan a él con respeto, con paciencia, y lo escuchen de verdad. Pues se siente ignorado, su autoestima es un termómetro emocional que en horario escolar está por los suelos, y que menos mal que sube una vez cruza la puerta de salida. 

Que no sé a qué están esperando para atenderle, que la burocracia es sinónimo de excusa, pues lo único que necesita un docente para atender a sus alumnos es VOLUNTAD. Que si un niño que necesita una ficha extra para reforzar un contenido no precisa de ningún diagnóstico para recibirla, ¿por qué los niños que necesitan más estímulo son apagados hasta consumirse? En teoría el orientador tenía que habérselo llevado un rato hoy para hacer una actividad. Menos mal que el disgusto de no haber aparecido se le ha pasado relativamente rápido.

Luego en las reuniones de padres -que también hemos pasado ya por ello esta semana- se les llena la boca de palabras, hablan de educación individualizada... y yo ya solo puedo reírme. 

Hoy, miércoles, ha sido el primer día que al menos ha sabido mantener la compostura (tampoco nadie le ha tirado el almuerzo al suelo como sucedió ayer), aunque haya traído deberes de lo que no ha trabajado en clase. Incluso hemos tenido tiempo para preparar un mini proyecto para Ciencias sobre la unidad que están dando, para que mañana vaya un poco ilusionado, y ojalá le sirva de sedante emocional. Porque está claro que si no hacen nada en el cole, y muy a mi pesar, tendré que hacer el trabajo del profesor en casa, comenzando por algo tan vital como es la MOTIVACIÓN perdida.

Al menos hoy descansamos todos un poco mejor para recuperar fuerzas y afrontar los dos días que quedan para acabar la semana. Esperemos que acabe mucho mejor de lo que empezó (aunque difícil no es).